Martes 11

24 02 2008

- Piazza San Pietro y Vaticano

- Castel S. Angelo. Campo di Fiori

- Isola Tiberina y Trastevere.

La Ciudad del Vaticano, estado independiente desde 1929 (pactos de Letrán), está edificada en el lugar en que san Pedro sufrió martirio y fue sepultado. En el siglo IV d. C., Constantino, el primer emperador cristiano, edificó una espléndida basílica, que fue sucesivamente destruida y reconstruida en el curso de casi 120 años (desde el 1506 hasta su consagración, en 1626). Participaron en el proyecto de la nueva iglesia, la más grande del mundo, con sus 22.000 m2 de superficie total, los arquitectos de más renombre de la época, Bramante, Miguel Ángel y Maderno, entre otros. La basílica de San Pedro  es una de las experiencias más impresionantes desde el punto de vista arquitectónico. Ninguna fotografía puede plasmar el impacto que reciben los visitantes ante la magnificencia del edificio, el esplendor de su decoración y las obras de arte que alberga. La alternancia en la fase constructiva entre la planta de cruz griega y la de cruz latina, y la elección definitiva de esta última, provoca que sea necesario caminar un buen trecho por la nave central antes de poder contemplar la espléndida cúpula de Miguel Ángel. 

Entre los tesoros de San Pedro destaca la célebre Piedad, también de Miguel Ángel,  única obra firmada por el artista, que la esculpió a los 24 años de edad en un único bloque de mármol; el baldaquín barroco del altar mayor, creado por Bernini con bronce tomado del Panteón, y la estatua de bronce de San Pedro, obra de Arnolfo di Cambio. Sorprende la casi total ausencia de obras pictóricas, sustituidas por mosaicos de la Escuela Vaticana. La plaza de San Pedro, que señala la frontera con el Estado italiano, en la que caben 300.000 personas, acoge al visitante con el abrazo de su columnata proyectada por Bernini. Los Museos Vaticanos, fruto de siglos de coleccionismo y encargos papales, ofrecen una gran variedad de colecciones que incluyen antiguas piezas de arte griegas y romanas (la del Vaticano es la mayor colección del mundo de estas características); de arte egipcio, etrusco y, naturalmente, las grandes obras maestras del arte del Renacimiento, con los frescos de la Capilla Sixtina y de las llamadas “Estancias de Rafael”. La restauración de la Capilla Sixtina, de veinte años de duración, restituyó el brillo de sus colores originales y nos permite gozar plenamente, y con todo detalle, de los episodios bíblicos en la bóveda, y del Juicio Final de Miguel Ángel, con sus casi 400 figuras representadas en el momento más dramático de la historia de la humanidad. La Capilla contiene asimismo los célebres frescos del siglo XV, obra, entre otros, de Botticelli, Perugino y Ghirlandaio. 

A través de la vía de la Conciliación se llega a Castel Sant’Angelo, la fortaleza de los papas edificada en la Edad Media sobre los restos de la tumba del emperador Adriano (siglo II d. C). Su estructura es un ejemplo de la continuidad entre pasado y presente del trazado urbano de Roma, en el cual los edificios antiguos son reutilizados y modificados para que asuman nuevas funciones y puedan seguir manteniendo un papel activo en la historia de la ciudad. El emplazamiento del mausoleo del emperador en la orilla derecha del Tíber, próxima al Vaticano, determinó que fuera utilizado como bastión defensivo, conectado con los edificios papales a través de un pasadizo elevado (el llamado “Passetto”).

 Antiguamente el castillo fue también lugar de ejecuciones, como recuerda la ópera Tosca, cuyo trágico final sucede en esta fortaleza. Recorrer las 58 salas del Museo de Castel Sant’Angelo permite pasearse por sus 1800 años de historia, y sus terrazas ofrecen vistas extraordinarias de la ciudad. No pueden perderse el puente degli Angeli, con sus famosas estatuas de la escuela de Bernini, que anunciaban a los peregrinos que se dirigían a la tumba de San Pedro que ya estaban llegando a su meta. No lejos de aquí se encuentra el Trastevere, uno de los barrios más característicos de la ciudad, lugar ideal para pasear por coloridas callejuelas y plazas, que todavía conservan un carácter auténticamente romano y ofrecen un agradable contraste con el solemne esplendor de todo cuanto hemos visto por la mañana.  Antiguamente el Trastevere (“al otro lado del Tíber”)   fue el primer barrio emplazado en la orilla derecha del río; en él vivían artesanos, pescadores, comerciantes, así como la comunidad de extranjeros dedicados a actividades portuarias. También era conocido por sus espléndidas villas y sus vastos jardines, los más importantes de los cuales fueron los de Julio César, donde parece ser que se hospedó Cleopatra; a su muerte, Julio César los dejó en testamento al pueblo romano. En la época medieval, el barrio adquirió su especial carácter, que conserva todavía en sus calles estrechas y sus plazoletas. Es muy recomendable visitar la antigua basílica de Santa Maria in Trastevere, con sus mosaicos (siglo XIII) de Pietro Cavallini, y de Santa Cecilia, con la estatua de la patrona de la música, obra de Stefano Maderno. Para revivir también en el Trastevere los fastos del Renacimiento romano es aconsejable visitar la Farnesina, la villa suburbana del rico banquero Agostino Chigi, donde se conservan frescos de Rafael, Baldassare Peruzzi y Sebastiano del Piombo.

http://mv.vatican.va/4_ES/pages/MV_Musei.html


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