Rosario de Acuña y Villanueva - Comentarios

Algunas notas acerca de la vida y obra de esta ilustre pensadora

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  • Recuerdos de una excursión

    Escalamos una escarpa abrupta en que tuve yo que decirle a mi caballo: «¡Vamos arriba, Viejo...» Siempre, más que las riendas, espuela y látigo, guié a mis caballos con la voz; no sé qué hay en ella para los animales, mas sí sé que todos cuantos me rodearon obedecieron, dulce y prontamente, mis palabras; siempre cabalgué en animales de raza noble, es cierto, mas siempre una de las orejas del bruto iba vuelta hacia atrás, escuchándome, y me bastaba decir: «¡A correr!», para que corriera; y cuando la escabrosidad del camino surgía delante, con decir: «¡Cuidado!», bastaba para que sus cascos se posaran con tiento y firmeza.
  • Telegrama a Galdós

    Como dama española, pues cuento en mi ascendencia de cuatrocientos años, a reinas, Obispos, conquistadores y santos, me adhiero a la manifestación del domingo y pido, además de lo que ustedes pidan, que cese la persecución infame, solapada, feroz, inicua y cruenta que sufrimos, indefensos, hace treinta años los que hace treinta años dimos el primer grito pidiendo la libertad de conciencia.
  • La marea

    Ya se escucha en las orillas// el rumor de la marea;// vendavales de dolores// traen sus olas turbulentas.// Son lamentos y sollozos de incontables muchedumbres// que sufrieron el martirio bajo el yugo de la fuerza;// viene henchida de agonías;// ¡Ya se acerca!// Es el grito del espanto del minero que sucumbe// asfixiado por el fuego en la entraña de la tierra,// siendo el lodo del abismo tenebroso su mortaja,// no dejando más que el hambre// por herencia.// ...
  • Testamento (1907)

    Prohíbo terminantemente todo entierro social, toda invitación, todo anuncio, aviso o noticia ni pública ni privada, ni impresa, ni de palabra, que ponga en conocimiento de la sociedad mi fallecimiento: que vaya una persona de confianza a entregar mi cuerpo a los sepultureros, y testificar dónde quedé enterrada.
  • Suscripción

164. De la presentación de El crimen de la calle de Fuencarral

Publicado por Macrino Fernández Riera el 26 Febrero 2018

Invitación al acto de presentación en Gijón de El crimen de la calle de FuencarralDe todos los crímenes cometidos a lo largo de la historia, algunos hay que se instalan en la memoria colectiva y su recuerdo perdura a lo largo del tiempo. Tal es el caso del ocurrido en la madrileña calle de Fuencarral a finales del siglo XIX. Han transcurrido ciento veintinueve años desde entonces y sus ecos aún llegan hasta nosotros, como si fueran réplicas de la gran conmoción que el suceso provocó en la sociedad de la época. El cine, la televisión y la prensa escrita, que de tiempo en tiempo regresan a aquel verano para recrear lo sucedido entonces, se han encargado de que así fuera. Las primeras noticias del caso tienen lugar en la madrugada del segundo día del mes de julio de 1888, cuando la policía, que había acudido alertada por los vecinos temerosos del humo que salía del edificio, irrumpe en una vivienda del número 109 de la calle de Fuencarral. En el interior hallan el cuerpo sin vida de doña Luciana Borcino. Los presentes no tardan en darse cuenta de que aquella viuda rica, que vivía en la sola compañía de una joven criada y de un buldog, no había fallecido por el fuego o por el humo del incendio. Su cuerpo tenía varias cuchilladas, todas graves de necesidad, y estaba horriblemente mutilado por la acción de las llamas, tras haber sido rociado con petróleo.
En una habitación contigua encontraron a una mujer acompañada por un perro, que ni ladró, ni se movió. Ella era Higinia Balaguer, una joven que había entrado a servir en aquella casa poco tiempo antes. No había nadie más en la vivienda; tampoco señales que hicieran pensar que se hubiera forzado la puerta de entrada y nada indicaba que el móvil del crimen fuera el robo. En aquella vivienda del segundo izquierda del número 109 de la calle de Fuencarral, solo había dos mujeres y una de ellas
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