Vie 6 Mar 2009
ALICIA CAERINA
Publicado por martaaa en General
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Ésta es la historia de Alicia Caerina, que estaba cayéndose siempre y en todas partes.
Su abuelito la buscaba para llevarla a los jardines:
- ¡Alicia! ¿Dónde estás? ¡Alicia!
- Estoy aquí, abuelito.
- ¿Dónde?
- En el despertador.
- Sí, había abierto la puerticilla del despertador para curiosear un poquito y había ido a parar entre los engranajes y los muelles, que la obligaban a saltar continuamente de un lado a otro para no verse atrapada por aquellos mecanismos que se movían haciendo tictac.
- En otra ocasión, su abuelito la buscaba para darle la merienda:
-¡Alicia! ¿Dónde estás? ¡Alicia!
- Estoy aquí, abuelito.
- ¿Dónde?
- Aquí en la botella. Tenía sed y me ha caído dentro.
Y allá estaba, nadando afanosamente para mantenerse a flote. Por fortuna, el verano anterior había aprendido a hacer la rana en la playa.
-Aguarda un momento, que voy a sacarte.
Su abuelito metió una cuerdecita dentro de la botella y Alicia se asió a ella y trepó con agilidad. Era una buena gimnasta.
- También en otra ocasión desapareció Alicia. La buscaba su abuelito, la buscaba su abuelita, la buscaba una vecina que venía siempre a leer el periódico del abuelo para ahorrarse unas pesetillas.
- ¡Pobres de nosotros si no la encontramos antes de que regresen sus papás! -murmuraba asustada la abuelita.
- ¡Alicia, Alicia! ¿Dónde estás? ¡Alicia!
Esta vez no respondía. No podía responder. Al curiosear por la cocina se había caído al cajón de los manteles y las servilletas y se había dormido. Alguién había cerrado el cajón sin darse cuenta de que estaba dentro. Cuando Alicia despertó se encontró a ascuras, pero no tuvo miedo: una vez se había caído a un grifo, y allí sí que estaba oscuro.
“Tendrán que preparar la mesa para cenar -reflexionaba Alicia-, y entonces abrirán el cajón.”
Pero nadie se acordaba de la cena, precisamente porque no encontraban a Alicia. Sus papás habían regresado del trabajo y regañaban a los abuelitos:
- Pues sí que la vigiláis bien!.
- Nuestros hijos no se caían a los grifos - protestaban los abuelitos-; en nuestra época sólo se caían de la cama y se hacían algún chichón en la cabeza.
Finalmente Alicia se cansó de esperar. Se abrió paso por entre las servilletas, encontró el fondo del cajón y empezó a golpearlo con un pie. “Tum, tum, tum”.
- Callaos -dijo papá-; oigo golpes por algún lado.
“Tum, tum, tum”, hacía Alicia.
¡Oh qué abrazos y qué besos cuando la encontraron! Pero Alicia aprovechó la ocasión para caerse rápidamente al bolsillo de la americana de papá, y cuando la sacaron ya había tenido tiempo de mancharse toda la cara jugando con el bolígrafo.