¡¡¡El bachillerato es necesario!!!!
(Las aventuras del IES Selgas en París)
Durante nuestra estancia en la capital francesa conocimos a Julien en el bar parisino en el que trabaja. Habíamos entrado para tomar algo caliente a causa del frío que hacía en París. “¿Cuántos son?- nos preguntó nada más vernos. “Diez, pero podemos dividirnos en dos grupos” proponemos amablemente viendo el tamaño reducido del local. ¡Y nos separa 8 por lado y 2 por otro! ¡Y ahí arrancó todo! Pedimos algo caliente mientras nos esforzábamos por explicarle la importancia de nuestra “ñ”: esfuerzo inútil, no quedó más remedio que recurrir a la simbología: “No es lo mismo año que ano” le explicamos. Lo resumió todo con una frase que marcó toda nuestra experiencia parisina. “¡El bachillerato es necesario, y si no, miradme a mí!” Ni que lo digas, muchacho, y a propósito, a las dos que has puesto aparte ¡las tienes castigadas, oh!. Ahora bien, hay que decir que estar apartadas permitió a nuestras alumnas tomarse una buena merienda con sus galletas escondidas detrás de la carta de menús del bar.
Pero Julien tenía razón y en adelante, cada vez que debíamos acercarnos a una taquilla o a algún empleado que supuestamente debía de informarnos de algo, nos hacíamos la misma pregunta: “¿A ver si este tiene el bachillerato?” Y hubo que rendirse a la evidencia, no había muchos con título. Por ejemplo, en el metro era una locura: no nos aceptaban las reducciones cuando teníamos derecho a ellas y sin embargo ¡nos las hacían cuando no nos correspondían! ¡El bachillerato es importante!
Durante esta estancia en la capital, los profes hemos mostrado a los alumnos de francés los monumentos más importantes de la ciudad. Nos seguían con abnegación, escuchándonos (¿?) muy atentos como lo demuestran las preguntas tan interesantes con las que nos bombardeaban sin cesar:
- « ¿Y allí hay para sentarse? »
- « El metro para el hotel, ¿es directo? »
- « ¿A qué hora volvemos al hotel? »
A veces sus inquietudes iban más lejos (demasiado lejos, diría yo) y se planteaban cuestiones casi metafísicas:
- « Yolanda, ¿lloverá mañana ?» (¿se dedicará a la meteorología en su tiempo libre?)
- « Nancy, ¿a dónde vamos? » (¡eterna pregunta para la humanidad! ¿Será su fuerte la filosofía?)
- « Rafa, ¿cuántas plazas libres habrá en el avión? » (¿seré empleado de Air France y yo sin enterarme?)
La evidencia tampoco era un inconveniente y las preguntas rozaban lo surrealista a medida que avanzaba el viaje. Así, el cuarto día consecutivo que hacíamos el mismo recorrido en metro y que nos bajábamos en la misma estación para dirigirnos al mismo hotel (¡qué les encantaba, todo hay que decirlo!), va uno y a voz en grito pregunta: “¿Falta mucho para llegar al hotel?”… Aunque ahora que lo pienso, algo de razón llevaba, porque por las mañanas, en el recorrido de ida hasta la estación empleábamos unos 10 minutos [los profes siempre delante marcando el ritmo que ellos no seguían, por supuesto], mientras que por las noches recorrían esa misma distancia en apenas 4 minutos a la carrera, de las ganas que llevaban por llegar. Era inútil explicarles: “¡Qué no hace falta que corráis, que las habitaciones son vuestras y nadie os las va a ocupar!”
Nos hemos preguntado varias veces a qué fueron algunos a París. Algunas para hacer desfile de pijama, eso está claro; otros para hacer campeonatos de wii o de Play Station, sin duda alguna; afortunadamente también los hubo que fueron a conocer los monumentos parisinos (ciertamente el objetivo del viaje)… pero también se dio el caso del que además fue para hacer realidad un sueño: conocer la cabina de un avión… ¡y lo logró!
Sin duda un año más el gran éxito del viaje ha sido Eurodisney, pero este año hemos de confesar que los profes nos hemos divertido de lo lindo en el parque. Nos montamos en todas las atracciones, incluido el Space Mountain, en la más absoluta oscuridad y a una velocidad de vértigo. ¡Y que manera de gritar! (a ver, gritar en las montañas rusas relaja, ya se sabe, y además ¡da mucho menos miedo!); para colmo hacía tanto frío que Rafa no dejaba de gritar: “¡qué cierren las ventanas!”
Y ya que estamos hablando de los profes, deberíais de conocer nuestras aventuras, ya que también nosotros vivimos situaciones cuando menos curiosas. Por ejemplo, Yolanda que se lamentaba ante el dependiente de una de las tiendas de Eurodisney: “Pero ¿cómo? ¿Qué no tienen indios de Peter Pan? ¡Pero si he venido a propósito para comprarlos!”
O también cuando Yolanda, Nancy y Rafa le dieron conversación durante más de una hora al conductor del autobús sin caer en la cuenta del cartel que tenían delante y que rezaba: “¡Por favor, no hablen con el conductor!”
O cuando en el puesto de control de bolsos de Eurodisney Yolanda, mientras enseñaba su mochila, le espetaba a la agente de policía oriental: “¡Perdone señora, ya que estamos, voy a ver si encuentro mi gorro, que hace un frío que pela!” y se pone a vaciar la mochila ante los ojos atónitos de la señora, a la que Rafa aprovecha para dar conversación: “Y dígame señora, ¿pasa usted mucho frío aquí? Y entonces ayer, ¿cerró el parque por la nieve? Pues mucha gente no habría, ¿no? Y bla bla bla” . Tampoco hemos de olvidar la eficiencia del restaurante del Campanille que nos hizo esperar 45 minutos por una tortilla francesa porque “aquí no servimos congelado señores, lo nuestro es recién hecho”!
En fin, que lo hemos pasado muy bien, así que sólo nos queda decir:
« París, ¡nos vemos en el 2011! »
Pd- El simbolo
es un guiño para los protagonistas de las aventuras que os he contado. Seguro que se reconocen sin dificultad.
©Rafa Ulloa, profe de francés.