Mujer y Mitología en los Pintores Prerrafaelitas
16 04 2009
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Categorías : prerrafaelitas

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1874. Tate Gallery
La mitología cuenta que mientras Proserpina, hija de la diosa Ceres, recolectaba flores en el valle de Hena, en Sicilia, fue raptada por el dios del Tártaro, Plutón, que la arrastró en su carro a los infiernos; allí le dio a probar una semilla de granada, pues después de haber probado un bocado en el infierno era imposible salir de él. A pesar de ello Júpiter se ablandó ante los ruegos de la madre y se llegó al acuerdo de que la joven pasara la mitad del año bajo tierra y la otra mitad en la superficie. Es el mito que representa a las estaciones. Sin embargo, Proserpina, o Perséfone, es también una diosa poderosa capaz de dominar la vida de los varones. Adonis, que le había sido entregado después del alumbramiento por su madre, Mirra, fue objeto de su capricho, y era compartido con la diosa Afrodita.[1] También hay numerosos textos que hablan de la unión incestuosa con su propio padre Zeus, de la cual nace el misterioso dios Zagreo. Ovidio en tres palabras nos dice que Júpiter poseyó en forma de serpiente a Proserpina (Varius Deoida serpens). Poseemos un soneto de Rossetti que explica el cuadro:
Desde lejos, la luz trae un frío hechizo hasta este muro; llega durante un instante, y no más, a la puerta de mi lejano palacio. Lejos de este fruto quedan las flores de Hena, de este funesto fruto, que una vez probado, aquí debe subyugarme. Qué lejos están aquellos cielos de este sombrío Tártaro que me deja helada; y lejos, qué lejos, las noches que podrían ser de los días que fueron. Qué lejos me veo de mi aspecto de entonces, y abrigo extrañas formas de pensamiento, y espero un signo, y todavía un corazón espera por un alma; mi propio sentir se complace al traer aquellos sonidos que murmuran continuamente:¡lo siento por ti, desgraciada Proserpina!
(Traducción, Concepción García Fuertes)
La mujer que posó para el cuadro es Jane Morris, la esposa de William Morris. Es el gran amor de Rossetti y la que más dominio ejerció sobre el alma del poeta. Los sonetos de La casa de la vida están dedicados a ella, y no a su esposa, Elizabeth Siddal, como habitualmente se piensa. La casa de la vida es Kelmscott, la residencia de Morris, en donde Rossetti permaneció varios meses mientras éste realizaba un viaje a Islandia para conocer la tierra de las sagas. El amor entre ellos estuvo lleno de obstáculos, y no sabemos si fue sólo espiritual. Aunque la modelo es Jane, las metáforas de la composición parecen referirse a la propia situación anímica del poeta en ese momento.
Dante Gabriel Rossetti. Venus Verticordia. 1864-1868.
Galería de arte de Rossetti Cotes y museo, Bournemouth, Reino Unido.
El cuadro se llama Venus Verticordia, Afrodita Apostrofía, que es una de las advocaciones clásicas de la diosa. Es la Venus que vuelve el corazón de las mujeres casadas hacia la castidad, elimina del alma los deseos de la inmodestia y vuelve las mentes de las doncellas y esposas del amor carnal a la pureza. Y sin embargo, el contenido del poema que explica el cuadro nos remite a la Venus caprichosa, dominadora del destino de los humanos con los que juguetea como si fuesen pequeños insectos, tejedora de engaños, según la llama la poetisa Safo.Lo mejor que nos puede pasar para entender un cuadro es que tengamos una clave escrita, y en el caso de Rossetti, la situación muchas veces es idónea. Pintor y poeta, encarna absolutamente la máxima horaciana Ut pictura poiesis, porque en ningún caso como en él ha habido un equilibrio mayor entre las dos artes. Ilustradores anteriores tan grandes como Blake, grababan para iluminar poemas propios o ajenos; es decir para ilustrar una producción que ya hablaba por sí misma. Pero en Rossetti poesía y pintura están tan equilibradas que es difícil saber cuál es la deudora de la otra. En el cuadro Venus rodeada de rosas y madreselvas, sostiene en su mano la flecha del amor y una manzana mientras las polillas acuden golosas al olor del fruto.
Ella lo tiene en su mano para dártelo,También en su corazón está el quitártelo; musita con los ojos puestos en el vuelo de una aturdida polilla o una abeja afanada. Y dice satisfecha: “éste es como una de ellas. Ahora la dulce manzana que sea para sus labios”. Pero saca el dardo que vuelve negro el mediodía y hace andar errante para siempre. Durante un momento, su mirada es triste y coqueta, pero cuando ofrece el fruto del hechizo. Sus ojos brillan como cuando el chico frigio se lo ofreció a ella. Entonces un pájaro tensa la garganta y proclama el dolor y los lejanos mares se lamentan como una única caracola y a lo largo de la negra arboleda, arde Troya.
(Traducción de Concepción García Fuertes)
Pandora, 1869
Dante Gabriel Rossetti
The Faringdon Collection Trust
Fue creada por el dios Hefesto por requerimiento del dios Zeus. Este deseaba contrarrestar la bendición del fuego que el titán Prometeo había robado a los dioses para entregárselo a los seres humanos con algún tipo de mal. Dotada por las diosas de Olimpo de todos los atributos de la belleza, Pandora fue enviada a Epimeteo, quien se sintió feliz de tenerla como esposa, aunque su hermano Prometeo le había advertido que no aceptase nada que viniese de Zeus. Los dioses le habían dado una caja, advirtiéndole que nunca la abriera. Su curiosidad, sin embargo, la impulsó a abrir la misteriosa caja, de la que brotaron innumerables males para el cuerpo y tormentos para la mente. Aterrorizada, intentó cerrarla, pero sólo quedaba Esperanza, lo único bueno entre los muchos males que contenía la caja, para confortar a la humanidad en sus infortunios. De ella dice Hesiodo : “Trampa, profunda y sin salida, destinada a los humanos. Pues de ella surgió la raza, la casta maldita de las mujeres, terrible flagelo instalado en medio de los hombres mortales”.Teogonía, vv. 590-593.
Y ¿qué, al final, Pandora? ¿Fue obra tuya que esos fieros alados quedaran libres? ¡Ah! Entonces ¿por qué los dioses del Olimpo te hicieron medio divina, según su propia imagen?¿Pudo ser que el poderoso ceño de Juno lanzara una señal inmutable?, ¿y el semblante de Palas se convirtiera en algo mortal?, ¿y que todos los hombres pudieran ver en los ojos de Venus, la mirada de Proserpina? ¿Y, al final, qué? Ellos batían sus alas como querían, los mal nacidos, volviendo insanas las cosas buenas, con poder sobre las apasionadas horas prohibidas. ¡Ay! ¡Cierra la caja ahora! Ellos se marchitarán; y tú no te atrevas a pensar: no puedes saber si la esperanza, todavía encerrada, está viva o muerta. (Traducción de Concepción García Fuertes)