Letras de Cuenca

6.jpg  Hoy vamos a hacer pocos kilómetros, pues nos toca visitar la capital, Cuenca. La salida es, como siempre, a las 9.30. Nuestra primera parada es en el mirador del Castillo. Es lo que queda de la antigua alcazaba árabe. Desde aquí divisamos la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, el parador   -que antes fue un convento de dominicos- y otros monumentos. En homenaje al poeta conquense Federico Muelas leemos su Soneto a Cuenca. Realizamos la primera actividad del cuaderno y nos dirigimos hacia la antigua cárcel de la Inquisición, en donde estuvo retenido Fray Luis de León. Ante ella leemos la oda A la salida de la cárcel. Seguimos caminando y nos asomamos al mirador de la Hoz del Júcar. Allí realizamos la lectura Romance del Júcar, de Gerardo Diego. A través de la Ronda llegamos al mirador de la Hoz del Huécar, donde se leerá el Romance del Huécar, también de Gerardo Diego.

Después de reponer fuerzas, las callejuelas estrechas nos llevan hasta las ruinas de San Pantaleón, un antiguo templo que alberga una imagen del poeta Federico Muelas. Seguimos callejeando, pasamos por delante de la catedral -hacemos una foto de grupo-, del Ayuntamiento y llegamos a la plaza de la Merced, en la que está ubicado el Seminario Conciliar. Contestamos las cuestiones correspondientes y a continuación visitamos el Museo de las Ciencias. Recorremos las distintas salas y asistimos a una sesión en el Planetario Acabada esta, nos vamos a comer a la zona universitaria y hacemos un poco de sobremesa.

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Vuelta al autocar, que nos traslada de nuevo hacia el casco antiguo, que, junto con sus hoces, es Patrimonio de la Humanidad desde el año 1996. A las 4 de la tarde y con un sol de justicia, nos dirigimos andando hasta el puente de San Pablo. Antes de cruzarlo y teniendo de fondo el barrio de San Martín, leemos un fragmento de Cuenca, de Pío Baroja.

Repuestos de la pequeña caminata, llega el turno de visitar el Museo de Arte Abstracto. Para muchos era la primera vez que veían “in situ” este tipo de pintura. La primera impresión no fue muy buena, puesto que hubo “un pequeño intercambio de opiniones sobre los cuadros con la guía”, pero al final resultó una experiencia enriquecedora.

 

A la salida dispusimos de tiempo libre para descansar, tomarnos algo en la plaza de la catedral y del ayuntamiento, y realizar algunas compras. Iniciamos el camino de regreso al autobús contemplando las casas colgadas y el resto del paisaje creyendo que tardaríamos mucho en volver.

Ya en el autocar, Rosa nos comenta que con motivo del Día del Libro, después de la cena se leerían capítulos de El Quijote. Los/as alumnos/as no las tenían todas consigo y pensaban que eso iba en serio. Al final, resultó ser una broma en la que participamos las profesoras acompañantes, pero no se enteraron de ello hasta el final de la actividad que estaba prevista.

Después de la cena, “una romancera” -como ella prefiere que la llamen- nos ofreció un recital poético. Al principio quedamos sorprendidos, pues la entrada fue espectacular y durante un buen rato nos reímos a mandíbula batiente. Al final se hizo un poco pesado

Una vez aclarado el tema de la lectura de El Quijote, todo el mundo se retiró a sus habitaciones.

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