Parque Nacional de Cabrera

19 10 2008

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Hoy es la última jornada de las rutas y  tenemos una actividad muy esperada: la visita a la isla de Cabrera. Está situada al sur de Mallorca y fue declarada parque natural; un 85 % del territorio del parque está bajo las aguas del mar.

A la s 8:30 h de la mañana partimos en autocar con destino a la colonia de San Jordi; después de un viaje de unos 45 minutos llegamos al pequeño puerto donde embarcamos con rumbo a Cabrera. La travesía dura algo menos de una hora. Al principio la mar está en calma y la travesía se presenta tranquila, lo que aprovechamos para hacer fotografías. A los 20 minutos del inicio comienzan a aparecer los primeros síntomas del mareo entre algunos de los viajeros. A mitad de travesía el viento de levante comienza  a soplar ligeramente, las olas aumentan de tamaño y la barca se vuelve más inestable: como consecuencia aumenta el número de personas que se marea. Afortunadamente, hay un cambio de dirección en el rumbo con lo que el viento se nos pone de cola y todo vuelve a la normalidad. Poco después entramos en la bahía y desembarcamos.

Después de unos minutos para tomar un café y recuperar al personal que se mareó nos ponemos en marcha para visitar el castillo de la isla. Hay que realizar una pequeña subida para llegar hasta él. Durante el camino vimos varias lagartijas. Son diferentes a las que habíamos visto en Sa Dragonera; éstas son más grandes, con una tonalidad azul oscura y también, más huidizas.

Subimos al castillo y desde lo alto vimos una preciosa panorámica de la bahía. Nuestros monitores contaron algunas de las historias de los prisioneros que hubo en ese castillo. Todos conocemos la batalla de Bailén de julio de 1808, la primera derrota de las topas napoleónicas en Europa. En ella el general Castaños, jefe de ejercitó español, aliado entonces con los ingleses inflingió una dura derrota al general Dupónt. Pues bien, más de 9000 prisioneros franceses fueron deportados a la isla de Cabrera. No había una cárcel propiamente dicha en la isla, sino que la propia isla hacía de cárcel. Algo muy parecido a un campo de concentración. Al firmarse la paz sólo quedaban vivos unos 3500 prisioneros, y en recuerdo de los muertos, enterrados en el Cementerio Francés, se erigió un monolito en la isla.

Del castillo nos dirigimos a realizar una vistita al pequeño museo  de la isla. Hacemos un breve alto en el camino para realizar las actividades del cuaderno del alumnado y finalizada la visita al museo nos vamos a comer a un merendero. Tenemos libre hasta las  16.30 horas, lo que  aprovechamos  para descansar algunos, otros para ir de excursión a un faro al otro lado de la isla y, la mayoría, para ir a darse un baño a una preciosa playa.

Sobre las 16.30 h subimos a la barca y comenzamos el viaje de regreso. A los pocos minutos de partir la barca se introdujo en una cueva que había en uno de los islotes del archipiélago y pudimos observar un fenómeno interesante y bellísimo: por un fenómeno de refracción de la luz solar, el agua de la superficie del mar dentro de la cueva adquiere una tonalidad azul muy intensa. A continuación el piloto puso rumbo al puerto de la colonia de San Jordi.

Tomamos el autocar y nos dirigimos a pasar el resto de la tarde a un centro comercial. Al atardecer nos fuimos para el albergue. Como siempre, ducha y cena. Pero hoy es un día muy especial: es el día de la despedida  y teníamos que celebrar una fiesta.

La fiesta comenzó con una actuación brillantísima de Dani y Pep, nuestros monitores. A lo largo de 5 día habíamos sido testigos de su buen hacer, de se dedicación, de su talento en la realización de las actividades científicas,  pero hoy nos demostraron que, además de todo eso, son unos auténticos genios del humor. Comenzaron con unos trucos mágico-matemáticos (explicados al final),  seguidos de algunos efectos ópticos que causaron autentico impacto; después siguieron con una pequeña representación musical, muy divertida; Pep nos dio una lección de música tocando con una gaita una pieza asturiana y una aragonesa. En fin, una gran actuación que fue tremendamente aplaudida. Después hubo los discursos de despedida: del representante de la Consejería de Educación del Gobierno de Baleares, de los profesores de ambos centros y por fin el intercambio de regalos.

Como era la última noche, nadie quería ir a dormir. Así que nos fuimos a la playa. Permanecimos allí casi 2 horas;  fueron dos horas de gran actividad, muy divertidas y estoy seguro que ninguno/a de los allí presentes las olvidará en mucho tiempo.

Después regresamos al albergue. Era la última noche y casi nadie quería dormir. En realidad fue una noche muy larga y casi nadie quería que amaneciera. Porque al amanecer nos teníamos que separar y, después de una semana juntos, resultaba triste tener que decirse adiós

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