
Oliver Twist
Charles Dickens. Colección Cucaña. Vicens Vives Edit.
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- Esta magnifica adaptación se muestra en una edición cuidada y muy atractiva para sus lectores, incluyendo hermosas ilustraciones de la historia y una guía de actividades de comprensión sobre la lectura. Todos estos elementos hace que el libro en su conjunto se presente como un excelente material para el trabajo del fomento de la lectura en los primeros niveles de la ESO, garantizando un éxito entre los jóvenes estudiantes.
- La conmevedora historia del joven Oliver Twist desde su nacimiento en un hospicio pasando por sus diversas aventuras y desventuras bajo la sombra de un secreto que recorre todo el libro hace que desde el principio el lector se engache a su lectura y empatice con su protagonista. El joven Oliver viene marcado por las desdichas en sus distintas etapas, sobreviviendo a las injustas situaciones que le toca vivir, su duro paso por el orfanato y su huida hacia Londres para buscar una vida mejor. La llegada a la gran ciudad coincide con su encuentro con Fagin, un incansable viejo malvado que no parará de hacerle la vida imposible al joven protagonista. De esta forma se van aconteciendo una serie de episodios que forman una historia dinámica, de fácil lectura y comprensión, con el tratamiento de importantes valores de la vida y el interés por saber el desenlace de la vida de Oliver.
- La experiencia nos dice que OLIVER TWIST es uno de esos títulos que nos garantizan el éxito para crear un buen hábito lector entre los jóvenes, un éxito asegurado que se puede complementar con el visionado de la versión cinematográfico de la novela bajo la dirección de Roman Polanski, toda una joya que, sin duda, nos ayudará a llevarnos un grato recuerdo de este joven protagonista.

El diario El Mundo presenta este interesante suplemento para conmemorar el bicentenerio del nacimiento de Charles Dickens.
Oliver Twist y el judío Fagin
Es la víctima del sistema por excelencia. Un joven huérfano que crece en el campo y huye de una vida que le aterra para topar con otra peor. Oliver Twist, segunda novela de Dickens, es considerada la primera en inglés con un niño protagonista; un personaje de buen corazón que acaba convertido en ratero. Ahí entra en juego otro arquetipo crucial, el del ‘judío’ Fagin, líder del grupo de ladrones que castiga a los niños y provocó más de una crítica por antisemita a su autor.
Las reacciones llegaron hasta más de 150 años después, cuando el escritor de cómics Will Eisner publicó ‘Fagin el judío’ (2003) para rehabilitar su figura, presentándole como una persona maltratada por la vida. Versionado hasta la saciedad, incluso Roman Polanski se atrevió con él en 2005. Eso sí, obviando referencias raciales. Y el propio Dickens trató de resarcir su imagen en ‘Nuestro amigo mutuo‘, donde incluyó a otro personaje judío, Riaj, pero en versión positiva.
Una curiosidad: un equipo médico de Northampton (UK) ha analizado la dieta del Oliver Twist —«tres pequeñas raciones de gachas diarias, una cebolla dos veces por semana y medio panecillo los domingos»— para concluir que a un niño de nueve años le provocaría anemia, escorbuto y otras patologías. Ahí tiene más elementos para imaginarse la vida del huérfano que Disney convirtió en gato en ‘Oliver y su pandilla’. (Suplemento de El Mundo)
Citas de Charles Dickens (Suplemento de El Mundo)
«… El gran corazón de Londres palpita en su pecho de gigante. La riqueza y la miseria, el vicio y la virtud, la culpa y la inocencia, la abundancia y el hambre más acuciante, atropellándose, agolpándose con tal de hacerse notar. Basta con trazar una pequeña circunferencia sobre los tejados arracimados de las casas y, en ese círculo, ocasión habrá de ver todo eso, más todo lo contrario y su contradicción».
(’El reloj de maese Humphrey’, número XLV, 1841)
«Niebla por todas partes. Niebla río arriba, que fluye entre verdes islotes y praderas; niebla río abajo que, como una mancha, se esparce entre las hileras de embarcaciones y la inmundicia que una ciudad grande y sucia deposita en sus orillas».(’Casa deshabitada’, capítulo 1)
«Sin más explicaciones nos dirigimos a las ’salas de infecciosos’. Un antiguo caserón que, apartado del edificio principal del asilo más moderno y espacioso, a duras penas se abría paso en uno de los extremos de un patio pavimentado. Una edificación monstruosamente anticuada…, una sucesión de buhardillas o altillos distribuidos para no escatimar inconvenientes y obstáculos, a los que sólo se llegaba por unas escaleras empinadas y estrechas, las más oprobiosas que uno imaginarse pueda a la hora de subir a los enfermos o bajar a los muertos».(El asilo de Wapping. ‘Un viajante, y no de comercio’, capítulo III)
«Vi cómo, tras llevar una vida emponzoñada en los sótanos más inhóspitos de una ciudad de la que nadie se ocupaba, al exhalar su último aliento, ni uno solo de aquellos pobres desdichados permitía que se echase a perder alguna partícula de sus males, aun cargadas como iban con el insoportable castigo que la culpa, más si colectiva, acarrea».(Una visión de diciembre. ‘Palabras del Hogar’, 1852)
«Entre los gritos que llegaban del barco, los furiosos resoplidos del vapor, la agitación que allí reinaba y la nuestra, al principio no distinguía el cielo del agua, ni una orilla de la otra; mas los tripulantes del bote lo enderezaron con celeridad y, tras unos rápidos y vigorosos golpes de remo para alejarse de la nave, se quedaron inmóviles, al acecho y en silencio, sin apartar los ojos del agua por la parte de popa. Al poco, se divisó un bulto negro que se dirigía hacia nosotros arrastrado por la corriente. Nadie abrió la boca; el timonel alzó la mano y remaron despacio de nuevo, sin desviarse del rumbo que los llevaba a su encuentro. A medida que el bulto se acercaba, reparé en que era Magwitch que, a duras penas, venía nadando. Lo izaron a bordo y, al instante, lo maniataron y le aherrojaron los tobillos».(’Grandes esperanzas’, capítulo LIV)
«Esta noche las ventanas están resplandecientes, el rojizo resplandor del fuego de las chimeneas se refleja cálido y luminoso en las colgaduras y en las mullidas alfombras, la comida espera ser servida, la mesa del comedor está espléndidamente adornada, aunque sólo sea para cuatro personas, y en el aparador se amontona la vajilla. Esta es la primera vez que se ha preparado la casa para ser ocupada por sus moradores después de los cambios últimamente realizados, y se espera de un momento a otro a la feliz pareja».(’Dombey e Hijo’, capítulo XXV. Traducción es de José Méndez Herrera (Aguilar)
«¿No es asombroso que quienes viven en esas callejas estrechas puedan soportar ese constante ir y venir, ese interminable ajetreo, esos pasos que, sin cesar, desgastan y pulen el tosco empedrado? ¡Imagínense a un enfermo en un lugar como la plazuela de Saint Martin’s Court, condenado a oír esos pasos aun a su pesar, y que, sumido en el dolor y el aburrimiento (como si de una carga impuesta se tratase), está obligado a distinguir los pasos del niño de los del adulto, los del mendigo andrajoso y los del petimetre bien calzado, los del gandul y los del trabajador, los pasos desganados del zangolotino de los andares rápidos y agitados de quien va en busca de placeres! ¡Pensemos por un momento en el zumbido y el estruendo que asedian sus sentidos, en esa corriente de vida que no se detendrá, que se cuela de continuo en sus sueños agitados, como si estuviera condenado a yacer, muerto pero dándose cuenta de todo, en un cementerio bullicioso, sin esperanza de reposo por el resto de los siglos!».
(’La tienda de antigüedades’, capítulo 1)