Tardes de cal viva

Aurelio González Ovies

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                                                                                                                            (AGO. Primeras nieves. Diciembre de 2010)

¡Qué nos faltaba entonces…!

Sabíamos esperar. Creíamos en todo

con la excusa de nada.

Horas largas, silencio en los caminos, las cunetas

heladas, ventanas encendidas

y motas de algodón sobre aquel pino

con pequeñas bombillas

que, a veces, nos hacía saltar los plomos.

Por una vez cenábamos más tarde y juntos,

como aquellas familias de los libros.

Después de tantos años

-qué fiel es la memoria…-,

parece que te veo posar sobre la mesa

un poco de turrón y unos piñones

-tú sonreías cómplice-

como si fuera nuestro gran tesoro.

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