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  • La muerte, esa gran desconocida. Tratada siempre con dolor, temor y temblor. Algunos –muchos- la elevan a diva para montar el negocio o rodearse de adictos: La diva en el diván divino del adivino.

  • El humor descompone todo lo que toca y deja volar mariposas desde el estómago hasta las nubes pasando por las comisuras.

    No olvidemos la crítica nominalista que leimos/vimos en “El nombre de la rosa” a propósito del papel que desempeña la risa: la risa como pecado, veneno que nos encierra en la carne venal, en lo material y natural, según muchas ortodoxias sectarias. Esa condena medieval a la alegría está justificada por el miedo al placer en este “valle de lágrimas”.

    Después de haber iniciado con el libro “Platón y un ornitorrinco entran en un bar” una nueva visión de la historia de la filosofía con humor, mezclando chistes y chascarrillos, poco después publicaron “Aristóteles y un armadillo amarillo van a la capital”, y ahora tenemos, recién aparecido en las librerías, esta nueva entrega delirante y astuta. Con estas aproximaciones distendidas hincan el diente en las crudas carnes de los saberes metafísicos, los sabores agridulces se expanden y llenan todos nuestros poros de excentricidad y asombro.

    ¿Qué quedará de los grandes temas metafísicos (Dios, alma y mundo) después de haber sido diseccionados por el estilete del humor?. La impresión es que poco quedará de serio y religioso y creíble si nos reimos de la inmortalidad del alma, de la Parca y de toda su cohorte de predicadores e iglesias sucesivas como hacen Cathcart y Klein.

    No tienen desperdicio las descripciones que hacen las distintas religiones acerca de cómo es el reino de los cielos o el infierno… La sombra del escepticismo planea por estos textos intrépidos tal como lo hacen las citas de humor de Groucho Marx o Woody Allen que aparecen en el libro. Leer más »

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