Alguna advertencia sobre las distorsiones de la psicología a través de los disparates cinematográficos que justifican la actuación artística.

 “Gente corriente”.

Todos los que hacen psicoterapia saben de la importancia de la primera visita. Cómo el paciente suele llegar con un guión aprendido que le ayudará a decir lo que quiere y a ocultar y muchas ocasiones lo verdaderamente importante. Berger es quizás un terapeuta poco ortodoxo, pero consigue distraer y “desarmar” a Conrad, su paciente, que poco a poco irá sacando a la luz su verdadero problema.

Por cierto que sabemos que el doctor Berger es psiquiatra, pero su actuación se diferencia muy poco de la que podría tener un psicólogo y es que en el cine muchas veces esos papeles se confunden, de hecho son indistinguibles, cosa que en la realidad no ocurre, por lo menos aquí en España. En nuestro contexto los psiquiatras suelen seguir un modelo médico, mientras que en los psicólogos es típico por ejemplo el modelo cognitivo-conductual. En el cine el modelo habitual que siguen ambos es el psicodinámico y es que a los terapeutas de la gran pantalla les encanta el psicoanálisis y cómo no, los divanes, los sueños y la hipnosis, cosas que normalmente ya no se emplean. Salvando las distancias el cine y la psicología ayudan mucho a entendernos.

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