Concurso de relatos
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Bases del I Certamen de Relatos del CPEB de Cerredo
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Con el fin de incentivar la lectura y la creatividad literaria entre el alumnado del centro, se convoca el
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I CERTAMEN DE RELATOS DEL CPEB DE CERREDO
Con arreglo a las siguientes bases:
1. Podrán participar todos los alumnos del centro matriculados en los cursos de 5º y 6º de primaria y en cualquier curso de ESO.
2. Los originales deberán estar escritos en lengua castellana o asturiano, con una extensión mínima de 2 páginas y máxima de 4, pudiendo incorporar ilustraciones, y podrán estar escritos a mano o a ordenador.
3. Los originales deberán ser inéditos y de creación propia, evitando copiar ideas o fragmentos de otras obras. El tema será libre, aunque deberá guardar alguna relación con el centro o el entorno.
4. Se establece un premio por cada ciclo, dotado con un lote lúdico-didáctico para el relato que, a juicio del Jurado, sea merecedor del mismo. Asimismo, los relatos ganadores serán publicados en la revista del centro.
5. Cada autor podrá presentar un solo original; no debe consignar su nombre sino un lema o pseudónimo escrito en su cabecera, después del título. En un sobre cerrado adjunto aparecerá el curso del participante y dicho lema o seudónimo por fuera y el nombre del autor irá dentro del sobre.
6. El plazo de presentación de los relatos finaliza el 15 de enero de 2008. Cada participante entregará el trabajo a su tutor.
7. El fallo del Jurado tendrá lugar durante el segundo trimestre del curso, comunicándose a los interesados y será publicado en la web del centro y en la revista.
8. La entrega de los premios se llevará a cabo en lugar y fecha que oportunamente se dará a conocer.
9. La participación en esta convocatoria implica la aceptación de sus bases y del fallo del Jurado, que será inapelable.
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RELATOS GANADORES
PRIMER CICLO DE SECUNDARIA
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El Tesoro del Tío Paco
Cuenta la leyenda que el hombre más rico de toda Asturias vivía en el pueblo de Cerredo, allí montó una tienda de toda clase de productos, desde navajas a mecheros, desde tabaco a cordones para zapatos. La tienda se llamaba Casa Paco y se dice que al morir dejó todas sus riquezas escondidas en algún lugar de Cerredo.
Por aquellos días pasaba sus vacaciones en Oviedo, un investigador privado, dicen algunos que era de la CIA, pero esas son leyendas urbanas. Lo cierto era que este individuo al que llamaban “el rápido” un día sin quererlo se encontró con un mapa que parecía indicar donde se hallaba un tesoro. Como “el rápido” era muy rápido enseguida le picó la curiosidad, y en un abrir y cerrar de ojos se plantó en el concejo de Degaña.
Cuando llegó a Cerredo vio un pueblo tranquilo, envuelto en la niebla, característica de las zonas de mucha vegetación. También se sorprendió del inagotable tráfico de camiones que pasaban por allí, y que parecían “los dueños de la carretera” como le dijeron algunos lugareños. Eran camiones que transportaban carbón, carbón de una mina que llevaba allí toda la vida. El investigador miró el mapa y observó que en un esquinita ponía con letra roja y minúscula…..Compra Ducados en Casa Paco. ”El rápido” así lo hizo, dio con la famosa tienda en medio del pueblo, y compró Ducados, al abrir el paquete un pequeño papelillo enroscado cayó a sus píes, en él leyó……………………
Debajo del Río Amarillo no hay quien encienda un pitillo.
Preguntó a la agradable dependienta por tal río, y ésta le dijo que desconocía cual era el Río Amarillo, por allí solo pasaba el Río Ibias. Decidió acercarse a verlo, transcurría no muy lejos del pueblo. Pensando, pensando, recordó que lo más parecido a un río amarillo lo había visto en Río Tinto (Huelva), cuando investigó aquel caso de contrabando de jamones pata negra, pero eso quedaba muy, muy lejos.
Cuando llegó al río lo que allí se encontró “el rápido”, no le gustó nada. Basura trastos, papeles, botellas….y un olor fétido convertían al río en un vertedero de un tono amarillento. ¡Qué pena! Pensó, hay que ver que poca importancia damos a lo que nos rodea. Allí en medio de todo aquello un viejo sofá rojo resaltaba sobre todo lo demás, y encima un gran cigarrillo tamaño XXL parecía decir ¡cógeme! Tendría que arriesgarse y mojarse los pantalones. Una vez fuera con el cigarrillón en la mano, lo abrió, y dentro otra sorpresa, aquello era cada vez más emocionante.
…..En la huerta de las patatas y las zanahorias encontrarás la flecha que señala la zona… Huerta, patatas, flecha, qué era aquel galimatías. Ahora se encontraba en un punto muerto, por allí no había nadie, y ya empezaba a estar algo hambriento, y él con el estomago vacío no era persona. Desanimado emprendió la subida a una ladera cercana, cuando llegó a la cima descubrió que desde ella se veían unas estupendas vistas del pueblo. La verdad que el paisaje era muy bonito, muy verde, con muchos castaños y… qué era aquello, una hermosa huerta con forma de flecha alargada que señalaba hacia…………la iglesia.
Más contento que un crío con zapatos nuevos, echó a correr en aquella dirección, y eso a pesar de que su estomago reclamaba furioso una buena ración de comida, si era casera mejor. Cuando llegó a la iglesia sofocado por el esfuerzo realizado apenas podía sostenerse en píe, así que se sentó bajo su puerta, y entonces se dio cuenta de lo grande que era. La iglesia, llamada Santa María de Cerredo, era de piedra, con un campanario y una zona ajardinada alrededor, situada en la zona más alta del pueblo. Era del siglo XII, única por su estilo mudéjar, solamente había otra igual en un pueblo llamado Taladrid en el vecino Concejo de Ibias. Y es que él estaba muy bien informado, si por algo le gustaba este trabajo es porque aprendía muchas cosas.
“El rápido” entró en la iglesia con cuidado, al abrir la pesada puerta la luz del exterior dejó ver pequeñas partículas de polvo flotando en el aire. Avanzó entre la fila de bancos y se acercó al altar donde había un hermoso retablo de madera dorada, que le causó cierta sensación de miedo al contemplar la imagen de un Cristo de expresión angustiada. Al dar un paso más notó que bajo sus píes el sonido se cambiaba por un golpe hueco, miró hacia abajo y vio que las baldosas no parecían estar firmemente ancladas al suelo. La emoción recorrió su cuerpo, sin pensarlo dos veces se agachó y buscó alguna rendija entre sus dedos. Sacando el mechero del bolso iluminó el espacio entre sus píes y asombrado vio el dibujo de una pequeña p grabada sobre una de las baldosas. Haciendo fuerza sobre ella logró levantarla y asombrado descubrió una gran caja de maravillosos puros habanos. ¡Qué suerte había tenido!, lo malo es que él no fumaba.
SEGUNDO CICLO DE SECUNDARIA
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Los mojones de los pataguines
Vamos a relatar una historia de Cerredo contada por vecinos del pueblo de lo que hoy ellos recuerdan por oír contar a sus antepasados.
Como bien se sabe, Cerredo es un pueblo situado en el municipio de Degaña, en el suroccidente asturiano, aunque hasta la mitad del siglo XIX perteneció, junto con los pueblos que hoy forman el ayuntamiento de Degaña, al concejo limítrofe de Ibias. Aunque el pueblo sea asturiano tiene ciertas costumbres de los situados a su alrededor, en particular con los txacianiegos de Caboalles de Arriba que, además de las costumbres, también compartían los pastos para el ganado en los montes que separan las regiones de Asturias y León, lo que dio lugar a grandes enfrentamientos entre los vecinos por el aprovechamiento de los pastos. De estos enfrentamientos, dio lugar la primera historia que se cuenta con el nombre de “Los mojones de los Pataguines”, y dice así:
A la lumbre de aquella cocina baja se reunieron varios vecinos de Cerredo para saborear el café recién hecho por la mujer de Pedro Ramos, conocido por “Pataguín”, mozo fuerte admirado por su nobleza y serenidad para el trato de cualquier tema que se le pusiese delante. Dijeron los de casa Florencio a lo largo del café que estaban tomando, que ya estaban cansados de que los cazurros de Caboalles les echaran las vacas de La Collada, imponiendo un ilógico criterio de posesión del terreno que, según ellos, era propiedad de los de Caboalles y, según los asturianos, era propiedad de Asturias. Al oír esto le dijo Pataguín: “Estaros tranquilos que en la próxima partida de truco que juguemos con ellos voy a proponerles una apuesta que seguro no van a rechazar”. Les contó el plan que tenía pensado y no acaban de creérselo pero, como era muy grande la confianza que en el tenían, asintieron el visto bueno a la apuesta. No tardaron mucho tiempo en juntarse para jugar al truco (juego de naipes o cartas españolas de juego similar al mus pero con solo tres cartas por jugador), y en medio de la partida no espero mucho tiempo Pataguín en referirse al malestar que había en el pueblo de Cerredo por echar las vacas de La Collada, a la que contestaron que era de ellos el pasto del que se hablaba. Dijo entonces Pataguín: “Para no tener más discusiones, como estamos entre hombres y la palabra es sagrada, propongo lo siguiente: escoged los dos señores más fuertes de Caboalles para que busquen un mojón (piedra que se utilizaba para separar o marcar posesiones) lo más pesado posible y que ellos sean capaces de mover. Yo, al mismo tiempo, buscaré uno que también sea pesado y capaz de mover yo (entendiendo por moverlo, levantarlo del suelo y correrlo sin hacerlo rodar, lo que estaría prohibido). Colocaremos los mojones en la parte que corresponde al pueblo contrario, en la parte llana de La Collada. El próximo sábado, a las diez de la mañana, nos encontraremos en este mismo lugar y los elegidos por Caboalles cogerán el mojón puesto por mi en la parte de este pueblo y lo moverán en el aire todo lo más lejos que puedan hacia Cerredo dentro, está claro, de los límites de la llanada de La Collada. Yo haré lo mismo y cogeré el mojón puesto por los elegidos de Caboalles en la parte de Cerredo y lo llevaré lo más lejos que pueda con dirección hasta vuestro pueblo, con los límite explicado anteriormente. El mojón verdadero quedará colocado en la mitad de los otros dos”. Los vecinos de Caboalles no sabían como esconder la alegría por lo que ellos consideraban una partida ganada a Pataguín y aceptaron el ofrecimiento seguros de conseguir mayores pastos para su ganado. Se aliaron unos a otros para conseguir el mojón al límite de las posibilidades de cada parte y el sábado se encontraron en La Collada a la hora acordada. Ya estaban los contrincantes sudados por el esfuerzo realizado para colocar los mojones en su sitio correspondiente y cambiaron las posiciones los elegidos, es decir, cogiendo los de Caboalles el mojón de Cerredo y Pataguín el mojón de los de Caboalles. Acordaron un tiempo máximo de cinco minutos para el transporte de estos y cuando dieron la señal de comienzo, los vecinos de Caboalles echaron mano al mojón que había llevado Pedro Ramos llevándose una gran sorpresa al no ser capaces de levantarlo del suelo. Nerviosos, solo les quedaba esperar que Pataguín no fuera capaz de mover el mojón elegido por ellos, pero, cuando quedaba aproximadamente un minuto para cumplir los cinco reglamentarios, lo cargó en su hombro izquierdo e hizo el recorrido de doscientos metros en ese tiempo. Cabizbajos, los cazurros cumplieron con lo pactado y apostado y entre todos colocaron el mojón verdadero en el sitio que lo había dejado Pataguín, sitio que aún hoy se conserva como separación de tierras de Cerredo y Caboalles de Arriba. Los vecinos de Cerredo le celebraron una gran fiesta por la hazaña que había conseguido.
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