Marco Gavio Apicio

11 10 2009

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En la historia hubo tres Apicio y todos fueron grandes gourmets, el primero de ellos vivió en la época de Sila, sobre el año 100 a.C., y del cual decía Ateneo que sobrepasaba en intemperancia a cualquier ciudadano romano.

Otro de los Apicio era un patricio en la época de Trajano y que fue el descubridor de la conservación de las ostras.

Pero el más famoso de todos fue Marco Gavio Apicio del cual se piensa que nació aproximadamente en el año 25 a.C. y cuya vida fue un desenfreno y una extravagancia constante.

Su libro ‘De re coquinaria’ que llegó hasta nuestros días es un manuscrito del siglo IX que se encontró en el año 1517 en un convento de Fulda (Alemania), localidad relativamente cercana a Frankfurt.

Dicho manuscrito fue trasladado a Roma y se sabe con certeza que después se copió varias veces, ya que se conservan varios códices en la Biblioteca Vaticana. Se puede decir que la edición más antigua que se conoce de Apicio son dos incunables, uno de Milán de 1498 y otro de Venecia, sin fecha, pero que se considera anterior a 1500.

Después vienen las cuatro ediciones del siglo XVI, la de Venecia de 1503, la de Basilea de 1541, la de Lyón de 1541 y la de Zurich de 1542. No se vuelve a reeditar hasta el siglo XVIII que se hacen cuatro ediciones.

Las primeras traducciones a las lenguas modernas se hacen ya en el siglo XIX y XX. La italiana es de 1852, la alemana de 1909, la francesa de 1933 y la inglesa (Editada en Chicago) de 1936.

Apicio estuvo considerado como un refinado conocedor y también, como un gran despilfarrador. Se hizo notar por sus extravagancias y por sus gustos caros. Al parecer, inventó un procedimiento para cebar a las truchas con higos secos, con el fin de engordar su hígado; así como unas recetas de lenguas de flamenco o de ruiseñor, de pezones de cerda y de numerosísimos pasteles y salsas. Ateneo relata que fletó un barco para comprobar si las quisquillas de Libia eran tan grandes como se decía. Decepcionado, ni siquiera bajo a tierra. Gastó toda su fortuna en suntuosos banquetes hasta un día en que, al contar lo que le quedaba, prefirió envenenarse a reducir su tren de vida.

Aunque se le ha considerado como el primer ordenador de la cocina romana, tuvo precedentes en la misma Roma, como Ambivio y Macio. Los diez libros De re coquinaria que nos han llegado con su nombre son, sin duda, una reelaboración de una obra suya efectuada en el siglo IV d.C., escrita de manera muy incorrecta y próxima a la lengua hablada.

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