Sobre cocina árabe

2 11 2010

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Escrito en adn.es, el 2/11/2010.

En el Sudeste español son tradicionales las fiestas que el pueblo, al que generalmente le importa más el contenido que el envoltorio, conoce como “Moros y Cristianos”; algo parecido, pero sin pólvora, servirá estos días de sabroso prólogo al XII Congreso Lo mejor de la Gastronomía, en Alicante.

Ese aperitivo, que se servirá en Elche, consiste en unas jornadas de hermanamiento de las cocinas árabe y cristiana. Y aquí sí que el ‘envoltorio’ nos plantea un problema. Solemos hablar, en efecto, de la “cocina árabe”… cuando nos referimos a las cocinas de los países a los que llamamos, también, “árabes” no porque lo sean, sino porque en ellos se habla árabe. Tampoco parece lógico contraponer una etnia -árabe- a una religión -cristiana-, pero en fin, de alguna manera hay que entenderse, así que hablaremos de cocina árabe.

Que, como sin duda saben ustedes, desarrolló un papel muy importante en la historia y evolución de la cocina occidental, en los tiempos en los que las ciudades más cultas y refinadas del mundo eran Bagdad, Damasco, Córdoba… Hablamos de los siglos que van del VIII al XI, tiempos de los Omeyas en Córdoba o de Harun Al-Raschid y su hijo Al-Mamun en Bagdad. Vamos, de la época que reflejan “Las mil y una noches”, la época dorada de la civilización islámica.

Pero ¿qué cocina era aquella? ¿Árabe? Si por árabe entendemos lo relativo a la Península Arábiga… poco. En tiempos del Profeta, Arabia no era ya la ‘Arabia Feliz’ de otros tiempos; era, más bien, un país poblado por gentes nómadas, dedicadas al pastoreo. Su cocina no era precisamente refinada; tampoco lo es la cocina actual de los beduinos, su directa heredera. Una hospitalidad desbordante, sí; pero casi nunca se va más allá del asado de cordero y las fuentes de arroz pilaf, cosas que están muy bien, pero que no son las que disfrutan los poderosos de Córdoba o Bagdad. Leer más »